Es el verdadero oxígeno de nuestras vacaciones.
De forma discreta pero segura, nos aporta energía y serenidad. Un paseo por parajes vírgenes, un taller de naturaleza,una charla con amantes de la naturaleza… Cualquier forma de volver a las raíces es buena.
El campo bigudí es también un espacio infinito para aprender sobre sus especies y sus curiosidades, o sobre la flora y la fauna adaptadas al clima oceánico.
Por último, pero no por ello menos importante, es un bien precioso que hay que preservar.

















